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muaks!
Tres impactos: El primero, es que tengo veintinueve años. Los cumplo hoy. Me han llamado personalidades relevantes de la actualidad internacional, tales como Muhaamad Gadafi (“Te enviaré un Funny Hair, como el mío. Te lo prometo”) el presidente de Irán y Su Ilustrísima Santidad, el Dalai Lama. Todos parecen coincidir en que van cortos de dinero para regalos. Tacaños! Agarrados!
El segundo impacto es físico. Un coche rojo ha volcado a la altura de la calle Alava y ha dado dos tumbos, luego se ha quedado de lado. Han llegado curiosos y luego, algo más tarde, los bomberos y la policía escoltando una ambulancia. Afortunadamente, no hay que lamentar bajas.
El tercero es culturalmente desconcertante. Loquillo, de Loquillo y los Trogloditas estaba caminando en medio de las vías de Trambesós. A lo lejos, un par de chicos grababa sus movimientos en una cámara de Super 8. Loquillo enfundado en un traje negro, con toda su envergadura, se ha inclinado como un compás y ha observado la pequeña pantalla adjunta al “kit” de grabación.
Un día normal, en realidad.
Se deja los labios pegados en la escarcha del helado. Se lleva esa misma mano que sostiene la fría golosina a sus labios, con la delicadez de un fauno. Siente su sabor rezumar sus sentidos, llenar su aliento de vaho y devolver su cuerpo frágil a un estado infantil. Sigue sorbiendo el helado mientras avanza hacia la calle principal; corta por la avenida y se desploma ella y sus paquetes en un banco. La calle bulle de actividad; la gente va y viene, entra en tiendas como ella y acarician los bienes más preciados a los precios más prohibitivos.
Se cae el helado.
http://www.loquo.com/ps/vivienda/compar
De un concurso de anecdotas descacharrantes organizado por el BLOG U$A de Norma Editorial. Podeis consultar a continuación en este enlace los detalles.
http://www.normaeditorial.com/blogusa/?p=2
(baile de la victoria de EL ULTIMO BOY SCOUT!)
E.T el marroquí
De noche es cuando todos los gatos son pardos, incluso lo que parece otra cosa, en realidad es todo lo contrario. Si alguien sabe lo que digo que me llame.
Era oscuro, eso lo recuerdo muy bien porque de día hay nudistas en la playa. Las estrellas estaban en el cielo, y en navidad, en el árbol. Yo estaba detrás de un arbusto, enterrando la dentadura de mi abuela cuando, de repente y sin previo aviso (eso significa “de repente” al parecer) vi una criatura marrón y diminuta que se movía nerviosa. Venía desde la playa y hablaba un idioma extraño.
Me lo llevé a casa con engaños y promesas de comida gratis y trabajo seguro.
Una vez en casa, le acomodé en el garaje y le tapé con una manta. Era feo y me daba algo de grima.
A la mañana siguiente, me fui al colegio y cuando volví se había bebido seis latas de cerveza. Estaba en el suelo sobre la manta, y se doblegaba arriba y abajo, como si rezara. Luego me fijé que su dedo índice brillaba vistosamente. Me acercó la mano a la cara y me dio una calada. Me transportó a otra galaxia.
Le tuve mas o menos una semana en casa. Se alimentaba de mi nevera y bebía como un jerarca ruso al que han regalado una destilería en Siberia. Empecé a notar en mi bolsillo los gastos. Ya no me llegaba el dinero ni para una partida a medias a un futbolín. Decidí que tenía que marcharse.
Afortunadamente, el problema se resolvió solo, cuando al volver del colegio descubrí que se había largado con mi colección de sellos, mis zapatillas nuevas y mi bicicleta había volado. Ni siquiera había dejado la cadena y el candado.
PELEAS DE GALLOS
El día que vi a mi vecino de la calle Estaciones, con su gallo nuevo, mi mujer me incordió durante toda la cena. Me estuvo haciendo llaves de Lucha Libre, hasta que le prometí que nosotros también tendríamos un gallo de pelea…pero los recuerdos de nuestro anterior gallo aún me perseguían
En nuestra barriada, los gallos solo servían para una cosa: peleas. Detrás de la comisaría había un granero donde todos los domingos se hacía misa, al acabar el servicio religioso, el capellán se vestía de árbitro y sacaba la pizarra de apuestas. Todos los que tenían gallos de pelea se apuntaban ordenadamente en la pizarra, y el resto, apostaba. Mi vecino de la calle Estaciones, se llamaba el Tapón porque era bien bajito. Le tenia un odio mortal, porque mató a mi primer gallo, “Panchito” en una pelea injusta. Yo quise apelar que el gallo de Tapón tenía cristales atados a las patas, pero toda protesta fue en vano. El párroco de aquél entonces era un hombre corrupto que murió en un accidente. Se subió la cremallera de los pantalones muy rápido y se aprisionó los genitales. Murió en una lenta agonía, al encontrarse el veterinario –el único medico del pueblo- de vacaciones en Guadalajara. Cuando le encontramos, estaba morado y el rigor mortis, le había dejado una expresión de agonía indescriptible.
El nuevo párroco era un hombre sencillo. Cuando llegó con la guagua tirada por dos docenas de perros –el conductor de la guagua se había vendido el motor a piezas, para apostar en las peleas de gallos, con malos resultados- vio que de esa gente nunca arrancaría una devoción grande, que no fuera por las peleas de gallos. Así que optó por arbitrar, siempre y cuando sacara una parte de las apuestas para no chivarse al obispado.
Las autoridades hacia tiempo que eran cómplices de esa práctica, el jefe de policía y dos de sus ayudantes tenían su propia gallera, con seis aspirantes al título. Todos ellos muy capaces. Se rumoreaba que les mezclaba anabolizantes en el pienso. El rumor se tornó en escándalo, cuando salió a pelear uno de sus capones, y todo el mundo ahí congregado, se pudo dar cuenta de que el gallo tenía pechos.
Pero eso a Tapón, no le preocupaba en absoluto. El tenía a un gallo moreno terrible que ganaba todas las peleas. Nadie apostaba contra él. Se dice que lo trajo de una granja de Sausalito. Extorsionaba al resto de aves de corral y solía pinchar con sus uñas afiladas en el culo al ganado. Era un gallo convicto.
Yo, por mí parte ahorré dos jornales para comprar un gallo. No tenía apenas dinero para un gallo de pelea, pero si volvía a casa con las manos vacías, me caería una reprimenda de campeonato.
En la esquina de un restaurante chino vi a un anciano que vendía aves de corral, y me acerqué a preguntar. Al parecer, solo les quedaba una variedad rara de pato belga. Como no me llegaba para nada más, me lo llevé a casa.
Mi mujer me echó en cara que hubiera comprado aquél pato en vez de un gallo en condiciones. “Esa nadería no sirve. Eres un zoquete!” me espetó. Yo pensé que tal vez bien alimentado, conseguiría ser robusto y pasar por un animal intimidatorio.
Aquel mismo domingo lo llevé para su debut, nadie daba un céntimo por él y afortunadamente, nadie lo hizo. De ser así la gente me odiaría. Aquel pato belga recibió una paliza monumental por parte del gallo más flacucho de los que peleaban, y eso que solo tenía una pierna. Fue humillante, incluso Tapón, ese seboso repugnante, se mofó.
Volvimos yo y el pato, que a esas alturas, estaba echo un guiñapo a casa. Mi mujer nos esperaba a los dos con semblante preocupado. Nos arengó y nos obligó a dormir al raso. Esa noche tuve un sueño intranquilo.
A la mañana siguiente, me despertó un ruido que venía de la cerca. Alguien daba golpes con un tocón de madera. Era el anciano que me vendió el pato. “Que tal el pato? Luchó bien?”
“Ese pato es una birria” espeté con mal humor.
“Eso es que necesita que le entrenen debidamente. No debió hacerlo debutar tan pronto” dijo solemne.
Cruzó la cerca y cogiendo al pato por el cuello, lo incorporó.
“Si me promete un porcentaje de las ganancias, yo le prometo que será un campeón” dijo sonriendo.
No tenía nada que perder, así que acepté el trato.
La primera semana consistió en mentalizar al animal de cual era su máximo rival. Ese gallo de Sausalito. El anciano le acercó una foto y le repitió “Este es tu máximo rival. Ha hecho estofado con tu padre, tu madre y tu eres el siguiente.” El pato propinó un picotazo a la foto, y graznó. Repetimos el ejercicio hasta que nos aseguramos que le daba a la foto y no nos pellizcaba a nosotros.
La segunda semana, le atamos las piernas a dos palmeras. Estiramos lentamente hasta que se abrió como un compás. Graznó de dolor pero conseguimos que se abriera de piernas totalmente. Cuando lo desatamos, estuvo persiguiéndonos por el patio durante una hora.
La tercera semana le enseñamos Muay Thai. Estuvo dando patadas a las palmeras hasta sangrar.
La cuarta semana le llevamos a las peleas de gallos para estudiar al enemigo. Le disfrazamos con una camisa hawaiana y unas gafas oscuras, con el objeto de que pasara por un espectador cualquiera.
Por fin llegó el primer domingo de mes, y decidimos que era el día para batirse. Le presentamos como un joven aspirante. Le pesaron en la báscula y le asignaron un calzón de color azul con estrías amarillas.
Apostamos todos nuestros ahorros al pato y rápidamente todo el mundo puso su dinero al gallo moreno de Sausalito. Tapón apareció entre bastidores, con su campeón atado con un cordel. Cruzamos miradas de desprecio y dejamos que nuestros respectivos aspirantes se amenazaran en sus respectivos idiomas animales:
“Cuac-cuac-cuac!”
“Coc-coc-coc!”
La pelea empezó en medio de un griterío infernal. Los avances del pato eran con carácter intimidatorio. No dejaba de observar a su contrincante, que se protegía con las patas de gallo. Era un veterano, pero podía ver en los ojos oscuros de ese palmípedo, una nueva locura. El primer asalto se limito a tímidos intentos por parte de ambos de asestar un único golpe decisivo. El árbitro tuvo que separarlos varias veces, para evitar los golpes bajos. En una de las refriegas, el gallo de Sausalito le arañó la cara, y el párroco anunció con solemnidad: “estamos ante una pelea a muerte, amigos”. Bajó del cuadrilátero y dejó que la gente se mofara de él, antes de excomulgar a un par de cientos por cabrones.
El segundo asalto fue el de las miradas. Ambos contrincantes se estudiaban y sacaban apuntes, con el fin de saber como podrían derrotar al otro.
El tercer asalto fue el más sanguinario de todos. El pato optó por hacer la patada giratoria especial que, desafortunadamente, le salió desviada, de tal modo que desnucó a un espectador. El gallo de Sausalito arrojó sus garras a la cara del contrincante, topándose con una resistencia feroz.
El cuarto asalto fue decisivo: ambos se retaron a aguantar patadas en el pico hasta que uno de los dos mordió la pata del otro y argumentó que le faltaba algo de sal y limón. Eso enfureció al adversario.
Finalmente alguien rompió una silla a la espalda de Tapón y se desató una pelea horrible en el granero. Un cigarrillo prendió fuego al granero y pronto se convirtió en pasto de las llamas. Salimos todos como pudimos dejando a esos dos colosos cosiéndose a picotazos.
Tres meses mas tarde, las peleas siguen como si nada hubiera ocurrido, claro que con ligeros cambios.
“Esta mañana he apostado seis a cinco contra el caracol de Tapón. Es un caracol salvaje de las montañas rocosas. Alimenta a ese invertebrado con lechuga de Chernobil, pero se tendrá que ver las caras con mi babosa bigotuda; la he entrenado al estilo de lucha callejera, como Charles Bronson, y cuando esté lista dará mucho de que hablar!”
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He perdido totalmente la noción del tiempo, y francamente, no lo hecho de menos. Las calles están vacías, o la gente está en transito. Es una agradable sensación de autonomía la que me embarga en estos momentos. Las vacaciones me resultan provechosas, se mire por donde se mire.
Esta mañana en la biblioteca había el habitual cúmulo de bachilleres, estudiando y acumulando dudas en papeles garabateados. Las chicas estudian con sobriedad, dejando que sus melenas apunten al papel doblado. Los chicos son más ruidosos, y parecen chupar banquillo. Tengo que ocupar una silla al lado de un hombre con Parkinson, echo que dificulta enormemente que pueda leer por encima del hombro. Me dedico a escribir y leer sin mucha convicción.
He renovado mi tarjeta de la biblioteca y he sacado un libro de referencia para levantar algo el ánimo de mis escritos. Esta ha sido mi mañana, o lo que queda de ella.
He invertido la mañana en comer, dormir, leer y deambular por el pueblo. Espero enderezar el día, más o menos, a media tarde. Tengo que escribir un poco, porque es algo que me pide el cuerpo desde hace tiempo. Mi visita por correos ha sido fructífera; me han echo llenar un impreso que debería haber rellenado mi padre. En la casilla de parentesco, he escrito escuetamente “Es mi padre” y he entregado la hoja a la chica de la ventanilla; ha examinado mi caligrafía y me ha dado un sobre. Esperaba algo más grande, como un paquete, pero nunca tienes que lo que quieres sino lo que te mereces, supongo.
Hace Sol. No es bonito?
Llevo planteando nuevos argumentos para escribir desde hace una buena temporada, la intención es dedicar los horarios de biblioteca para leer una obra de Shakespeare al día, escribir para concursos y con suerte, poder hacer el fanzine tan largamente aplazado. Me conozco, y creo que pondré por escrito alguno de estos propósitos, con el fin de poder tener un documento legal que me obligue a ello.
La terraza está en obras, y a pesar de que me han prometido que ya habrán acabado en una semana, aun parece que les queda mucho por hacer; las paredes están sucias y las baldosas tienen espacios por rellenar con cemento.
…y 52. Así podría empezar mi post. El mes de mayo del 2007, empezó en España la publicación de una serie semanal, cuyo formato comic book de 24 paginas, pretendía recrear un año en tiempo real en el Universo DC. Se trata del año que transcurre entre el fin de CRISIS INFINITAS y la vuelta de los tres grandes superhéroes por definición de la editorial, SUPERMAN, BATMAN y WONDER WOMAN. Un año sin estos héroes supuso para los jefes de DC COMICS una oportunidad para relanzar a personajes secundarios como THE QUESTION, LOBO o BOOSTER GOLD. 52 semanas, y también, un enigma relacionado con este número, que no desvelaré, pero que es el punto de arranque de la serie CUENTA ATRÁS A CRISIS FINAL, que recoge el mismo planteamiento de entrega semanal pero con la numeración al revés. Para evitar líos, la edición española será en tomos de cuatro números mensuales más algún extra, en forma de tie-in, a medida que se presenten.
Mientras algunos estaban enganchados a series de televisión, yo invertí un año en esta colección. Han ocurrido muchos cambios en mi vida durante la edición de este cómic. Da algo de vértigo.
Este mes de abril empecé a trabajar en mi fanzine COJINETE. Lo he postergado infinidad de veces, y aprovecharé que el mes de junio tengo vacaciones para terminar los textos que quiero incluir. Quiero aprovechar mis vacaciones para ir al MACBA y terminar otros proyectos personales.
CONCIERTOS CONFIRMADOS:
14 mayo : VADER + SEPTIC DEATH – SALAMANDRA 1
18 junio : BAD RELIGION – RAZZMATAZZ 1
Y otras locuras que se me ocurrirán, claro.
Los zombis surgieron del imaginario popular ahí por los años
Los zombis andan en grupos numerosos como los cabezas rapadas, pero con cerebro. Comen sesos porque leer les da mucha pereza y, francamente, hay demasiados libros ahí fuera para escoger. Así que antes de comerse el coco, prefieren morderles la olla a los demás. No consta que coman animales domésticos como perros o gatos. Eso se lo dejan a los chinos, que bastante mal andan de lo suyo.
El zombi arrastra los pies. Hay una película llamada “El Amanecer de los Muertos” que tal vez de con la clave del enigma. Todo el mundo se mueve torpemente al amanecer, sobretodo si tiene que madrugar. Tampoco estamos enteramente vivos del todo.
Los zombis son las abominaciones más democráticas del mundo. Todo el mundo puede ser zombi. Lo único que hay que hacer es dejarse hincar el diente.
Algunas personas creen tener un zombi en casa y temen que les muerda. Si jadea, babea y muerde sin razón puede ser un zombi. Si hace lo anteriormente mencionado pero después de morder se le queda la dentadura enganchada en la pantorrilla puede ser su abuelo.
Dispárele de todos modos, así aprenderá a no escaparse del asilo.
Pedazo de peliculón. Lo flipé en colores y me pareció, de calle, la mejor adaptación de MARVEL por el momento. Acción, un Robert Downey Jr. que está en su papel al 100% (Yo no me imagino a otro) y sorpresa final, después de los creditos
Se me puso dura solo de ver esto:
2. Do you wear any jewelery? No, odio llevar joyas.
3. What do you have too much of? LIBROS! literalmente me están enterrando vivo! y cómics, un dia me encontraran sepultado después de tres dias de escavar para encontrar la salida, chupando un cómic de la Justice League of America para absorver nutrientes.
4. Who is a fool? Un tipo que trabaja conmigo se lleva el premio. Es el tipo más insistente que he conocido, y el lameculos más grande que haya parido madre. Es agónico.
5. What's your nickname? Ge, Gera, Gerita. La gente juega con mi nombre, y luego me lo devuelven reducido. Al es especialista en ello, y mi buen amigo Jaime, es él quien me llama Gerita. En Lleida me llaman Robin. Es una broma privada.
*Toda la gente a la que quiero o he querido de un modo especial
*Toda la gente que trabaja/estudia duro para conseguir lo que quiere
*Toda la gente que hace feliz a los demás



